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Las scortum , o sea piel, ya que al parecer recibían sentadas sobre pieles. Las togatae , que vestían toga para diferenciarse de la estola que usaban las matronas.

Las meretrices, o putas nocturnas, pues sólo vendían su cuerpo desde que se ponía el sol. Las delicatae , también llamadas pulidae, que eran las putas ocasionales que se entregaban al hombre por un capricho. Famosa delicata es el pibón Flavia Domicia, mujer de Vespasiano. Las famosae , mujeres patricias que se prostituían a cambio de grandes recompensas en forma de joyas y regalos de sus muy ricos amantes.

Las junices , especie de amas de cría dadas a la prostitución cuyo atractivo fundamental era tener grandes tetas. Las nonariae , algo así como complementarias de las meretrices, pues se prostituían en la hora nona, es decir alrededor de las tres de la tarde.

Las prostibulae , que eran las que ejercían su oficio en la puerta del lupanar. Las erraticae que, como su nombre indica, eran errantes. También se las conocía como soldadesca, pues su clientela principal eran, claro, los soldados. Los burdeles romanos tenían sobre el quicio de su puerta unos falos o príapos de piedra; adorno éste que en algunos lupanares de Hispania fue sustituido por una rama, por lo que hay autores que piensan que es de ahí de donde viene lo de ramera.

Durante buena parte de la Historia de Roma, las putas fueron obligadas a llevar un palliolum , o gran sombrero que normalmente les cubría la cara. El ocaso del imperio romano mitiga la extensión de la prostitución por el simple hecho de que las sociedades se hacen fundamentalmente rurales. Las penas eran tremendas: Visto que no se conseguía nada, se llegó incluso a aplicar la pena de decalvación, por la cual se desollaba la frente de la puta con un hierro candente.

Durante todos estos siglos, el hombre se resiste a darse cuenta de que es él mismo, luchando pretendidamente contra la prostitución, quien la alienta.

Pues la prostitución, aparte un par de casos de trabajo por gusto, es casi siempre hija de la necesidad. Y la necesidad, en el caso de la mujer antigua, nace de su total ausencia de derechos y total dependencia del hombre, lo cual la condenaba a la pobreza en caso de repudio o viudez.

Las leyes de partida de Alfonso el Sabio, por ejemplo, prohíben a la mujer estar cerca del altar durante la misa. Hija de esta situación es la instutición hispana de la barraganía. Amante que bien puede estar casado, como lo estuvo, por ejemplo, Fernando de Aragón con Isabel de Castilla mientras, de cuando en cuando, visitaba en Murcia a su barragana.

Al rey sabio se debe la reforma, destinada a pervivir en el tiempo, de que las prostitutas encarceladas no compartiesen celda con los hombres. El destino reservado a los chulos no es muy motivador: Alfonso el Sabio prohibió los burdeles. Pero éstos no sólo siguieron existiendo sino que se multiplicaron.

Un claro síntoma de lo que digo es la riqueza con que el lenguaje de la época recogía las realidades del puterío. Los burdeles son conocidos como montañas, campos de pinos, manflas, manflotas, vulgos, pisas, guisados, aduanas, cambios, cortijos, cercos; en Cataluña: La puta era conocida como coima, la cisne, la consejil, la tributo, la tronga, la gaya, la germana, la grofa, la pencuria, la pelota, la maraña, la marca, la marquida, la marquisa, la isa, la hurgamandera.

Los chulos son conocidos como cambiadores, tapadores, alcancías, reclamos, farantes, traineles, tomajones y urgamendales. No fue hasta , en el concilio de Valladolid, cuando en España se condena las barraganías de los clérigos, muchos de los cuales, hasta entonces, habían vivido pacíficamente amancebados con sus churris. El siguiente paso fue intentar restringir físicamente a las putas. En un libro reciente, El arte de dormir sola, la autora, editora de la revista francesa Elle, califica de liberadora su experiencia de 12 años sin sexo.

Y han crucificado a los intelectuales franceses alzados en armas contra la ley que penaliza a los clientes de la prostitución. El Gobierno chino no se anda con chiquitas: Abordemos el tema de la prostitución con algo de perspectiva histórica. Incluso una sociedad tan religiosa como la medieval, donde la salvación era el objetivo supremo, toleró el comercio sexual para evitar males mayores como el adulterio y la violación.

En España, durante la Edad Media y la edad moderna, se esgrimieron argumentos políticos, teológicos y económicos en favor y en contra de legalizar las mancebías.

Les exigían estar solteras, tener buena salud y someterse a periódicas inspecciones sanitarias y de higiene corporal. Eran atendidas por un médico y un sacerdote. A pesar de su sujeción, la mayoría de estas mujeres prefería los prostíbulos a ejercer la prostitución por libre.

Las que decidían abandonar ese tipo de vida eran trasladadas a una casa de penitencia, donde permanecían recluidas en clausura a la espera de entrar en un convento o lograr la dote necesaria para contraer matrimonio. Los beneficios de los padres de la mancebía debían ser cuantiosos pues, al decir de Colosía, algunos caballeros de alto rango participaban en el negocio. En el Archivo de Trujillo he podido consultar contratos de tales arrendamientos.

En el siglo XVI, con la contrarreforma, la tolerancia se esfumó y se ordenó cerrar los prostíbulos.

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Era entonces cuando entraban en acción los guardias del burdel. Penosa expresión que dio nombre a la calle donde fue exclamada. Igualmente graves eran las consecuencias en caso de haber "pescado" a un joven soltero de buena familia: Tenía que haber perdido la virginidad antes de iniciarse en las labores del sexo y el juez, antes de otorgar el oportuno permiso, tenía la obligación de persuadir a la muchacha. Ulises Bueno visitó a los jugadores de la Selección en Ezeiza. La prostitutas leon prostitutas maduras en valencia de algunos clérigos como el padre Pedro León y hombres piadosos, llamados prostitucion en cuba prostitutas en tailandia congregados ", que trataban de convencer a las prostitutas de que abandonasen ese género de vida, sembró la alarma entre los " padres " a partir dehasta el punto que llegaron las protestas al Ayuntamiento, por lo que consideraban una intromisión que iba contra los propios intereses de la ciudad, y es que la mayoría de las casas de la Mancebía pertenecían al Ayuntamiento, a hospitales o a instituciones religiosas.

Los beneficios de los padres de la mancebía debían ser cuantiosos pues, al decir de Colosía, algunos caballeros de alto rango participaban en el negocio. En el Archivo de Trujillo he podido consultar contratos de tales arrendamientos. En el siglo XVI, con la contrarreforma, la tolerancia se esfumó y se ordenó cerrar los prostíbulos. Pero fueron los ilustrados radicales del siglo XVIII los que impulsaron una revolución erótica que podría compararse a la liberación sexual de los años sesenta del siglo pasado.

En los salones de la alta sociedad parisiense, donde el matrimonio era un asunto de conveniencia y se desplegaban los rituales de galantería y seducción que reflejan Las amistades peligrosas, el sexo se libera de ataduras. Una nueva cultura del deseo y del erotismo acabó con la estigmatización del acto sexual, ridiculizó la castidad por antinatural, reclamó el divorcio y acogió la homosexualidad y las relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Pero el siglo XIX cortó de raíz toda esa voluptuosidad. Solo en aras de la necesaria misión de traer hijos al mundo aceptaba con resignación la mujer de los círculos conservadores el uso de su cuerpo.

El rigor de la ética victoriana condujo al incremento de la prostitución, el infanticidio y la doble moral. Una gran parte de ese porcentaje eran mujeres que habían visto frustrados sus sueños de casarse y de tener hijos; pero otra parte eran hombres que recurrían a prostitutas, a relaciones con menores y al incesto.

Las familias pudientes hacían frente al problema importando a exóticas y sufridas criadas georgianas que aliviaban los apetitos de sus retoños en edad fogosa. Hasta comienzos del siglo XX, con Freud y Schnitzler la ciencia no se interesó por la sexualidad femenina ni por los problemas que su represión acarreaba, ni la mujer reivindicó su cuerpo como fuente de placer.

Hoy, a la vez que la Red ofrece la mayor oferta de sexo y pornografía nunca imaginada, se prohíbe paradójicamente o se penaliza la prostitución en la mayoría de los países, lo que da pie a un comercio del sexo opaco, insano y controlado por las mafias. Algunos digo yo que rezarían de ver en cuando.

En la etimología de las palabras que con el tiempo se van usando para designar a la puta encontramos, conforme nos adentramos en el Siglo de Oro, algunas novedades. Por ejemplo, se las comienza a denominar sotas, apelación que tuvo bastante éxito y larga vida. También se la llama marca o mafla. Así, por ejemplo, lo dice Polo de Medina en unos versos:.

Otro denominativo es tusona, que proviene del hecho de que las putas son llamadas Damas del Tusón, como correlato coñero de los Caballeros del Toisón.

Asimismo, se la llama chula, chanflona, mujer de fortuna, daifa, cuya [que también significa amante, con en el poema antescrito], y picaña, cantonera [esquinera], manceba, ramerilla, pellejo, tapada de medio ojo [pues las putas copiaron de las musulmanas esta costumbre] o germana. El burdel es la ramería o el guantos.

Y también, ojirri, a las putas del XVI se las llama solanas, concretamente en el caso de que desarrollen su oficio en la gran mancebía madrileña situada en la Puerta del Sol. Así pues, puede parecer que Solana es apellido insulso; pero, como si fuese un kinder sorpresa, tal vez lleve dentro alguna que otra cosa inesperada. Sobre la clientela de los burdeles alguna pista tenemos. Véanse, al efecto, estos versos de fray Domingo Cornejo [nota: Marica, aquí, es meramente un diminutivo de María]:.

Marica, que a decir mal de frailes te precipitas estando por condenado tu amor siempre en la capilla. Resabio de privilegio tienes, y lo saco, amiga, en que de tu trato todas las órdenes participan. Del mercedario te pagas, del agustino te obligas, y el teantino de tus partes tiene muy larga noticia Entré en la casa del cura y sólo conté una cama. Resulta que la buena señora se decía milagrera; por ejemplo, expelía, a través de la orina, ciertas piedrecitas rojas con una cruz impresa que luego se demostró fabricaba ella misma con polvos de ladrillo.

Fue padre de buena parte de las criaturas fray Juan de la Vega, provincial de los carmelitas descalzos. Una sobrina de la De Luna, Vicenta de Loya, acabó por denunciarla y afirmó que siendo todavía una niña, su propia tía la sujetó mientras fran Juan la violaba; este cabronazo, al tiempo que cometía la dicha tropelía, le susurraba a la pobre niña: Una institución paralela al burdel, que existió ya desde finales de la Edad Media, fueron las casas de recogidas, donde las putas arrepentidas podían acudir para intentar rehacer su vida.

En Madrid hubo una muy famosa en la calle de Hortaleza, a cargo de de las hermanas de Santa María Magdalena de la penitencia. Normalmente, casi todas las casas de recogidas, de las que hubo ejemplos en todas las ciudades de España, tenían como norma que quien entraba en ellas ya no podía salir, como no fuese casada o entregada a la vida monacal. Se dice que, en las guerras de Felipe V contra el archiduque austríaco, que consolidaron a la actual dinastía borbónica en la corona española, las putas rindieron un gran servicio a la causa francesa, por odio hacia lo soldados del archiduque, fundamentalmente ingleses y alemanes, por lo tanto protestantes.

Resolvieron inocularlos con sus bichitos, así pues los buscaron, se los pasaron por la piedra y enviaron a 6. Finalizada la guerra incluso solicitaron llevar una escarapela conmemorativa de la hazaña.

Con estas razones, lograron detener el expediente de traslado de la Mancebía. Amante prostitutas lujo cordoba protector de prostitutas bien puede estar casado, como lo estuvo, por ejemplo, Fernando de Aragón con Isabel de Castilla mientras, de cuando en cuando, visitaba en Murcia a su barragana. Haber arrendado una vivienda permitía a las meretrices trabajar de una curiosa forma: Sin embargo, como hemos visto en la Ordenanza del Ayuntamiento, en Sevilla se prohibieron a primeros de siglo las casas de citas o " monasterios de malas mugeres ". La prostitución se hallaba muy extendida en Sevilla, sobre todo en los alrededores del puerto y en determinados barrios de la ciudad, a extramuros. El superior del convento de la Trinidad, padre Fray Simón de Rojas, convenció al rey Felipe II para que se destruyeran todas las mancebías que con el tiempo habían pululado por el olivar de Atocha. Sin embargo, solían derivar también en todo tipo de trifulcas entre clientes.

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