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A una de mis amigas sí le conté. Ella me dijo que fuera a denunciar, pero mejor no. Porque esto es lo que hace. Por eso no dije nada. Mejor me quedé callada. Fue un trauma feo, porque era con alguien con quien yo no quería estar.

Hasta este día que él se pasó; no tenía que pasarse. Me decía que quería tener una relación conmigo, pero era mi primo y yo no quería.

Entonces me dijo que si no era para él, no era para nadie. Cuatro años después quedó embarazada como resultado de las violaciones. Mishell nunca tuvo posibilidad de interrumpir el embarazo ni de recibir ayuda psicológica. Ella trabajaba en la casa cerrada. Y viendo la situación no me negué. Yo sabía a qué me iba a meter.

Así fue como empecé. Es decir, unos buses del Transmetro llenos de adolescentes y mujeres explotadas sexualmente.

Las casas son clandestinas y, cuando tienen, usan patentes de comercio como barras show, hoteles, cantinas, bares. El estudio indica que las ganancias generadas pueden ser unos Q12, millones, poco menos de todo el presupuesto del Ministerio de Educación de Guatemala.

En los primeros cinco meses del año, se mantiene el promedio: Es decir, la justicia nunca llega ni a conocer a la gran mayoría de las víctimas. Parte del problema puede ser la necesidad que empuja las mujeres. Mishell no se percibe como víctima de explotación sexual. Se enorgullece de poder mantener a su familia sola.

Entonces voy viendo cómo me la rebusco porque tengo dos hijas y no me gustaría que a ellas les pase lo mismo como lo que me pasó a mí. En Guatemala se registran 22 violaciones diarias denunciadas. Hay que poner atención a la influencia del contexto para que una mujer o adolescente tomara la decisión de trabajar bajo estas condiciones. Su situación social y económica, la falta de presencia del Estado y de acceso a servicios, son factores que las empujan.

Crecer en un lugar de escasos recursos, ser víctima de violencia física intrafamiliar, ser víctima de abuso sexual y un embarazo forzado son características que construyen un contexto de vulnerabilidad en donde niñas y niños crecen sin oportunidades y con un proyecto de vida limitado.

El trauma en este caso es doble, porque no solo es víctima de violencia sexual de un familiar, sino también de un embarazo forzado, explica Geraldina Barreno, psicóloga de la organización Mujeres Transformando el Mundo. La vulnerabilidad es clave. En la víctima genera consentimiento por necesidad. Para el tratante el proxeneta genera la oportunidad de explotación. En esto consiste el delito. Aparte del delito de facilitación de prostitución, el abuso de una situación de vulnerabilidad con fines de explotación sexual anula cualquier consentimiento aunque la persona sea mayor de edad.

Óscar, mi jefe, sí sabía, pero no me dijo nada. El cliente me pidió sexo anal, y le dije que no. Como pude, me defendí. Todavía me dijo que así le gustaban las mujeres, pegonas. A la par de la cama, hay un botoncito por cualquier emergencia. Eso no lo saben los clientes. Logré apachar el botón, pero ya me había dejado el ojo morado. Es grande, tiene unos sus 50 años, moreno. Con un hombre así, siente uno que se va a morir. Es raro porque se viste bien.

Y pensé, por lo menos éste no me va a tratar mal. Pero sí es bien grueso. Dicen que trabaja en un banco, aunque yo no creo. Sólo en una noche puede gastar hasta Q5, Un día se juntaron todas las mujeres en la casa cerrada para pedirle a Óscar, el proxeneta, ya no dejara entrar a este cliente.

Todas le tenían miedo. Les respondió que si ellas iban a pagar lo que él consumía, ya no lo dejarían entrar. Un año después encontraron el cuerpo de la mejor amiga de Mishelle sin vida entre sangre y colmillos de cocaína. Era la amiga que la había ayudado cuando quedó embarazada y que le presentó la casa cerrada. Estaba en uno de los cuartos privados de la casa cerrada. Otro cliente la había matado. Este cliente frecuenta la casa cerrada todavía. Mishell trabaja 75 horas a la semana.

Entre lunes y miércoles, de 3 de la tarde a 2 de la mañana. Gana de sueldo base un tercio del salario mínimo. Su proxeneta explotador sí gana bien. Las tarifas son Q para que Mishell baile en el escenario tres canciones que ella escoge. Q por bailar en privado una canción que el cliente pida. Q por sexo oral. Q1, por sexo vaginal. Q2, por sexo anal.

Y los Q por cubetazo de cervezas. A pesar de que el proxeneta le ofrece la mitad de todo lo que a él le pagan y que Mishelle trabaja 75 horas a la semana, horas al mes, gana unos Q7, Allí estoy ganando no tan bien, ni tan mal. Aunque no es suficiente. Q de alquiler de cuarto no casa. Q1, por pagar a la niñera que le cuida a las niñas. Q al mes de guardería de la niña grande.

Aquí van casi Q2, Ahí ya van unos Q3, mensuales. Y todavía no se han contado lo que paga en extorsiones. A pesar de esto, Mishell no se imagina irse de la casa cerrada. Trabajar en la calle como otras sexoservidoras le da demasiado miedo. Por lo menos donde estoy hay alguien que nos cuida. Se refiere a Carlos y otros dos hombres de la casa cerrada, encargados de la seguridad de las trabajadoras. Aunque recuerda al narco y a su amiga asesinada y admite que no se siente protegida. Hace ocho meses, un pandillero que se llama Marlon empezó a extorsionar a Mishell y a las otras chicas.

Es un muchacho joven que entra cada noche como cliente, compra una cerveza y pide Q a cada una de las chicas. Los tres empleados de seguridad y los de la puerta saben a qué viene. Una vez se unieron para negociar con el extorsionista y pedirle que bajara la cuota a Q50 por día.

Hay unos que llegan a la casa cerrada , tal vez no es tan digno como ellos piensan. Aunque yo nunca lo haga. Yo venía para el trabajo y los policías me vinieron a preguntar si ya tenía el dinero. Me pidieron Q pero como iba a entrar no tenía. No había hecho nada todavía. Entonces fui a decir a mi jefe que me prestara porque tenía que pagar unas cosas. Si Mishelle gana Q7, y gasta en vivir con sus hijas unos Q5,, el resto se le va en extorsiones para el pandillero y la policía. Por trabajar 75 horas a la semana, horas al mes, dando servicios sexuales en una casa cerrada, desde que tiene 15 años hasta ahora a sus 19, Mishell gana Q5, Si le pagaran Q5, en cualquier otro trabajo que requiera que trabaje 75 horas a la semana, ella se iría de la casa cerrada.

Mi garganta se hace un nudo. Denunciar la extorsión haría que cerraran la casa cerrada y que rescataran a Mishell y las otras chicas que son víctimas de explotación sexual. Y el Estado tampoco podría asegurar su vida. Ya es mayor de edad y no hay ninguna casa segura para mujeres adultas, todas son de fundaciones y organizaciones civiles.

Y una de las entrevistas fue el 8 de marzo de , el día que trabajadores estatales encerraron a 56 niñas en una habitación y no les abrieron cuando empezó un incendio para que murieran Al final, todas las mujeres y adolescentes de la casa cerrada decidieron hablar con el proxeneta y les dijo que ya no van a dejar entrar al pandillero. Era una noche cualquiera. La llamaron desde la barra con el nombre que usa en su trabajo.

Un cliente quería tomar cubetazos de cervezas con ella. No se reconocieron hasta que Mishell ya estaba parada frente a él. Una manera de disasociarse es usar un nombre diferente. Así separa el ambiente de la casa cerrada y su vida privada. Lo mismo ocurre con su aparencia. Me explica que cuando se arregla para empezar su turno siente que se transforma.

Ya no soy yo, soy otra. Al principio se sentía raro, pero ya no. Ahora hasta nos tomamos fotos. Es corto, pegado, de encaje negro. Dice que nunca usaría ni el vestido ni el maquillaje afuera de su trabajo. Pero tres días después el hombre regresó. Me bajé del escenario y le dije al dueño que no podía ir. Cuando le expliqué por qué, me dijo: Llamó a Andrea del camerino. Andrea en este entonces tenía 16 años y se quedó con ellos varias horas.

Le preguntaron mucho sobre Mishelle. No le hizo caso. Queremos conocerlo un poco, cuéntenos acerca de usted: Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:. Ventana Modal Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

Los niños, lonchera en mano y estrenando uniforme, volvieron a aparecer en todas las calles de la ciudad. Esta semana, como sucede siempre en el mes de febrero, las aulas recobraron su vida Pero mientras la gran mayoría de menores se levantaba temprano para no llegar tarde a su primer día de clases, otros niños apenas se estaban acostando. Y es que esas calles oscuras, que antes eran monopolio de travestis, delincuentes y vendedores de droga, son ahora escenario de un fenómeno lamentable: Para muchos este asunto es totalmente nuevo.

Es tan grande la insensibilidad social, que a las menores ya las vemos como parte del paisaje ". Ni los ladrones ni los travestis, ni siquiera la Policía perturba su trabajo. La noche les pertenece.

Van armadas de lo que ellas mismas llaman tramontina -un cuchillo curvado- y permanecen inmersas en el mundo del basuco y la marihuana. Pero a pesar de esto, caminan con miedo, con temor de que algo les pueda pasar El 71 por ciento de estas menores escaparon tras ser víctimas de la violencia física, sicológica y, lo peor, de haber sido violadas por sus padres, hermanos o padrastros. Todo esto las ha llevado a involucrarse en la prostitución ver cuadro.

Tan pronto salen de su casa -por su propia voluntad o porque sus padres las obligaron-, se unen a los llamados parches: Dentro de esas galladas, aconsejadas por una amiga o por el novio, comienzan a trabajar en ese mundo. Entonces busqué a una prima que trabaja en las calles y me dijo que eso era un buen negocio. Si se entera, me mata". Sin embargo, se han dado casos en los que la misma madre es la que induce a su hija a tomar ese camino.

En realidad todas estas menores han tenido que buscarse la vida por sus propios medios. Nora Segura opina que "la prostitución, tanto de niños como de niñas, es una estrategia de supervivencia". Porque el fenómeno no es sólo femenino. Aunque todavía no se ha establecido la dimensión de la prostitución masculina, se sabe que en lugares como el barrio Alameda, el centro comercial Terraza Pasteur y el sector de El Lago y la calle trabajan niños de entre 9 y 16 años.

Es ahí cuando entran en acción los proxenetas, es decir, los empresarios dedicados a la prostitución infantil. Son ellos los que viajan a los pueblos para traer niñas ofreciéndoles trabajo, alimentación, hospedaje Los que duran días enteros en la terminal de transportes esperando que lleguen menores sin rumbo fijo a las que les puedan brindar una supuesta protección.

Durante las primeras semanas cumplen sus promesas; hasta cuando las niñas se sienten tan comprometidas que terminan trabajando para ellos. Tan pronto supo que yo me había escapado de la casa, él medio comida y una pieza para vivir.

Pero un día me dijo que yo le debía todo. Entonces tuve que trabajar con él. De la plata que me gano por hacer ratos con los hombres, él casi no me da nada". Estos empresarios han llenado la ciudad de cientos de negocios: También existen por todas partes los llamados sexshows infantiles.

Mis ganancias aumentaron y hasta pude montar otro negocio igual. Pero desafortunadamente a la competencia se le ocurrió hacer lo mismo". El 32 por ciento de las niñas trabaja en estos shows.

El resto lo hace en los reservados -sitios exclusivos, para clientes de altos ingresos- o también en residencias, tabernas, tiendas de barrio o en la propia calle. Y es que en la calle la actividad se complementa con el robo y el atraco. Cogemos plata, cadenas, billeteras.

niñas rameras putas de  años Y no se lo va a creer: Le preguntaron mucho sobre Mishelle. Y con la llamada de mi primo. Me pidieron Q pero como iba a entrar no tenía. Dice que igual ella no le importa a nadie. Empezando por tu cuerpo.

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Me bajé del escenario y le dije al dueño que no podía ir. Entonces tuve que trabajar con él. A su lado, en la mesa, había otra cría, morena, delgada, larguirucha, cabellera azabache, a la que Any me presentó como Aby, 13 años, de la colonia Pueblo Insurgentes. Da igual si ellos dejaron de ser hijos; nosotras no dejaremos nunca de ser madres e iremos a ayudarlos aunque no nos quieran", explica Marbella Aguilar, de 60 años.

Esta vez noto que se ha cortado su larga melena rubia, que se la ha teñido de rojo y se ha maquillado la cara con saña. Cuenta que anoche la policía cargó con Paco, su novio, porque lo pilló tomando en la calle y ahora ella debe juntar mil pesos para que lo dejen libre.

Que sí, le digo, pero que iremos con una amiga, compañera de generación, con la he quedado para comer en los Caldos Guayulera, de la colonia Guayulera, el barrio de Any. Ya una vez la Santa Muerte la salvó de morir de un fierrazo que le dieron en la calle, dice, y se levanta la blusa para enseñarnos una cicatriz que tiene en la panza. Que ya vengo a buscar a la güerilla eh, que la otra vez me vieron yendo con la güerilla y que no sé qué..

Pardeando la tarde miro otra vez a Any caminando con su hermana Caro, que esta vez no trae bebé ni carriola, en mitad de la plaza como desesperada, acelerada, alterada.

Suscríbete Saltillo Clasificados Comunidad. La niña del moño rojo que juega a ser prostituta en el centro de Saltillo. Esta es la crónica de cómo una niña y sus amigas ofrecen su cuerpo por pesos en la plaza Acuña. Edgar de la Garza. Le dije que no, que ahora no, que no tenía plata, que mañana… Estaba nervioso y trasudaba. Dijo que se llamaba Any, que tenía 16 años y estaba por cumplir 17, en julio.

Que sí, respondió la otra niña, la cabeza todavía recostada sobre la mesa. Dije que no, que ahora no, que la plata, que el trabajo, que mañana Estaba asustado, sin saber qué preguntar, hecho un amasijo de nervios.

Sus mofletes de niña de 16 años. Le pido que aguante siquiera a que sirvan la comida y luego se va. Any accede de mala gana. Le digo que igual un día de estos nos armamos un pachangón loco con todas las morritas. En eso a Any le ha pegado un repentino ataque de carcajadas.

Muchas han tenido adicciones y vivido en la calle", resume Jésica. Aquí no se las estigmatiza. Las compañeras la llevaron a este hogar y en dos meses murió. Hoy este proyecto se tambalea.

Las necesidades económicas son muchas. Diez pesos de donativo son importantes", dice Jésica. Tras conocer el inusual proyecto, toca que sus protagonistas hablen. Hablan ellas de sí mismas. No hace falta añadir nada. En esta dirección web pueden dar donativos las personas que lo deseen: Iniciar sesión para participar.

Mi garganta se hace un nudo. Denunciar la extorsión haría que cerraran la casa cerrada y que rescataran a Mishell y las otras chicas que son víctimas de explotación sexual. Y el Estado tampoco podría asegurar su vida. Ya es mayor de edad y no hay ninguna casa segura para mujeres adultas, todas son de fundaciones y organizaciones civiles. Y una de las entrevistas fue el 8 de marzo de , el día que trabajadores estatales encerraron a 56 niñas en una habitación y no les abrieron cuando empezó un incendio para que murieran Al final, todas las mujeres y adolescentes de la casa cerrada decidieron hablar con el proxeneta y les dijo que ya no van a dejar entrar al pandillero.

Era una noche cualquiera. La llamaron desde la barra con el nombre que usa en su trabajo. Un cliente quería tomar cubetazos de cervezas con ella. No se reconocieron hasta que Mishell ya estaba parada frente a él.

Una manera de disasociarse es usar un nombre diferente. Así separa el ambiente de la casa cerrada y su vida privada. Lo mismo ocurre con su aparencia. Me explica que cuando se arregla para empezar su turno siente que se transforma. Ya no soy yo, soy otra.

Al principio se sentía raro, pero ya no. Ahora hasta nos tomamos fotos. Es corto, pegado, de encaje negro. Dice que nunca usaría ni el vestido ni el maquillaje afuera de su trabajo.

Pero tres días después el hombre regresó. Me bajé del escenario y le dije al dueño que no podía ir. Cuando le expliqué por qué, me dijo: Llamó a Andrea del camerino. Andrea en este entonces tenía 16 años y se quedó con ellos varias horas. Le preguntaron mucho sobre Mishelle. No le hizo caso. Sus sonrisas son breves, incómodas. Tiene un leve olor a alcohol.

Viene directo de su trabajo, donde toma con los clientes. Pero son las 6 de la tarde. Normalmente no saldría hasta la madrugada. Sus ojos claros, de color miel, logran ocultar lo que pasa por su cabeza.

No quiere responder al principio qué le pasa o por qué la dejaron salir un lunes. Trabaja en las camionetas, de ayudante. Josué empezó a trabajar con su hermano en las camionetas. Todo iba tranquilo, me estaba ayudando. Entonces yo tengo mis sospechas… Porque así de la nada, Josué desapareció. Habla de Josué en presente y pasado al mismo tiempo. Se escucha en su respiración. Yo no sabía nada de lo que había pasado.

Me quedé así, no lo puedo creer. No entiendo por qué. Le estaban extorsionando a la camioneta, pero a él no. Porque no hubieran llegado solo a darle a él, sino que también le hubieran dado al chofer. Y con la llamada de mi primo. Ahorita voy para su casa. Pero ahora me iré a su velorio a las 8. Y empezó a insultarla por su trabajo como sexoservidora.

Que cualquiera que le preguntara si yo era su hija él decía que no. Yo le grité que se callara, que me dejara en paz, igual él no me da de comer. No me tenía que tratar así, si igual él nació de una mujer. Se quedó callado cuando le pregunté que si tiene una hija así, por qué iba a esos lugares. Entonces decidí mejor contarle la verdad. Le dije donde trabajaba, que si ella ya no quería que yo les hablara pues… la iba entender. Se puso a llorar. Ella pensaba que yo trabajaba con una amiga en un comedor.

Porque no es una gran noticia la que le dí. Ahora por lo menos lo saben los dos. Cada madrugada, al terminar su turno, el proxeneta o el taxista la llevan a su casa. Duerme hasta la tarde y después de pasar un par de horas con sus hijas le toca regresar a la casa cerrada.

Solo los domingos le da tiempo para estar con sus hijas toda la tarde. Ella responde que trabaja en eso por sus hijas, para que no tengan que vivir lo que ella vive.

Dice que igual ella no le importa a nadie. Que nadie le tiene respeto. Mishell enseña la foto en la pantalla de su celular. Sus ojos brillan y se le dibuja una sonrisa grande y blanca. Su cara es pensativa. No se imagina trabajando en otra cosa, pero tampoco en el mismo lugar. Me dicen que soy una puta. Porque gracias a este trabajo he sacado adelante a mis hijas y nos he mantenido. Y no estoy robando. Entonces lo peor que me dicen es que no soy una buena madre.

Que no soy un buen ejemplo para mis hijas. Mientras tenga trabajo para sacar adelante a mis hijas, nadie me puede juzgar. Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido.

Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras cansadas y los cuentos que tardan. Pinche gente doble moral dicen entristecerse y van a los puteros coman mierda al fin y al cabo quien entra a eso es por su gusto. Me gusto mucho la investigación Pia Flores.

Es realmente triste leer la nota.

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