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Ella llega en metro, cargada con un bolso enorme donde acunaba ejemplares de sus dos novelas. Se dirigía al punto de Madrid en el que presentaría la segunda, La bastarda Flores Raras. Las costumbres se mantienen intactas. Los cambios son tímidos. Mey, , con el relato La negra. Ha colaborado con varias publicaciones nacionales y extranjeras.

Melibea dice no saber qué es lo que la convoca a escribir. No elige los temas que va a tratar: Se sienta ante el ordenador y surgen ideas que va plasmando en la pantalla, casi obsesivamente. Si en casa te dicen que, por encima de educación y trabajo, tienes que ser madre, tienes que obedecer. Y sobre todo los hombres hablan de ello cuando no se encuentran entre ellos. Hablan de follar, pero follar tiene un significado de dominio.

Y ese nombre ha creado polémica, porque me dicen en Guinea que no, ese nombre no significa gay, porque los gays son cosa de los blancos. Un hombre que se porta como las hermanas de ella. No como un hombre sino como una mujer.

Me dicen que me lo he inventado. Pero no es un invento, sino una forma de que se reconozca en Guinea que los fang son un grupo humano como lo son los beri-beri, o los vascos o los catalanes. Pero la palabra existe. Pero llegaron los blancos aquí y erais tan gays y tan lesbianas como los tutsis. El corazón no es rico, la mano sí. Yo no soy una excepción. Hay muchas chicas en Guinea que han logrado huir de eso. La presión económica va obligando a que Guinea se abra al mundo.

Vamos conociendo otras formas de vida. Para mí si ha sido duro, pero no porque un ministro venga a decirte: Pero quien viene a por ti es la cultura, empezando por tu propia madre. Puede coincidir, que haya coincidencia. Leí un artículo en el que se contaba cómo el colonizador logra que el fang salga del interior para irse a Malabo a hacer café, a través de promesas como vas a ganar dinero, con el dinero vas a pagar la dote Es decir, la comercialización de la mujer en Guinea es una cuestión institucional dentro de la etnia fang.

Pero el problema es que no lo reconocen, no lo dicen con ese nombre. Le ponen un nombre bonito. Los matrimonios en la etnia fang son de tribu a tribu. El representante de la tribu es el hermano o el padre. Esas son las preguntas que podrían hacerse cuando se haga una ley sobre el matrimonio consuetudinario en Guinea. Hay demasiada gente con demasiados intereses. Mi prima pide el ordenador. Antes se pedían otras cosas, como el machete afilado.

Lo que han cambiado son las formas de consumo. Del pescado ahumado ahora hemos pasado a al caja de chicharros. Ahora es el ministro que tiene dinero, o el opositor rico. Para que resolvamos eso antes tenemos que reconocer que es una cosa nuestra, no de los blancos. Si se lo atribuimos a los blancos nunca vamos a cambiar. Sobre el matrimonio consuetudinario. Lo que me interesan son las relaciones de poder. Al final todo desemboca en la persona.

En la novela se habla a menudo de las personas mayores, de su opinión, de su versión de las cosas. Son las dos cosas. Un anciano puede ser muchas veces un tonto, y se le escuchar porque es mayor. Hay un excesivo respeto a las personas mayores que muchas veces es inmerecido. Hay que cambiar ese orden de alguna manera.

No tanto que exista o no, sino que la gente crea que exista. Cuando la gente me dice: Pero no encuentro ninguna razón entre ser brujo y ser presidente. Una sociedad tolerante, que es necesaria. El bosque representaba tranquilidad, un lugar al que podías ir a pensar. En la novela el bosque representa esa necesidad de crear una sociedad tolerante, en la que no haya lugar a la homofobia y el racismo y en el que haya lugar para la meritocracia, que no haya luchas por causa de la religión o la etnia.

El bosque representa eso, no salir al extranjero. Una forma de decir que los roles establecidos por la cultura hacen mucho daño.

La Casa de la Palabra era antiguamente un espacio bien establecido. Porque buena parte de la gente ha abandonado los pueblos y se ha ido a vivir a la ciudad, pero tienen la casa de la palabra dentro de su cabeza, y sigue significando mucho. Y muchos de los problemas se siguen resolviendo a través de ese pasado ancestral. Es un concepto muy poético, Casa de la Palabra, pero por otra parte es la plasmación de la tradición.

Son los viejos quienes deciden. Claro, y para las mujeres la perdición. La exclusión, porque es un lugar al que van los hombres a hablar de los problemas de los hombres. De esa antología han derivado todos los estudios posteriores sobre el tema. Si antes no existía ni el concepto, después ha emergido una verdadera pléyade de escritores, pilares de una floreciente cultura nacional.

Reconocimiento muy de agradecer. Toda mi vida es una lucha constante por la recuperación de las libertades en mi país, y, por extensión, por la libertad y el bienestar de todos los africanos. Eso no me ha deparado precisamente un entorno de vida agradable. Soporto muchísimas dificultades de todo tipo, presiones políticas y represalias económicas; resulta difícil de creer, pero la pura realidad es que soy un escritor muy pobre.

Por eso no escribo al ritmo que sé que puedo escribir, e incluso condiciona mis relaciones sociales. Publico una novela cada diez años y, sin embargo, las escribo con bastante rapidez. A ese ritmo, si tuviera unas condiciones adecuadas de trabajo, podría sacar una novela cada dos años; pero tengo que dedicar mi tiempo a la dura tarea de sobrevivir, dar de comer a mi familia, y apenas tengo tiempo para la literatura.

También se explica así por qué no termino la trilogía que prometí a los lectores. Fue por el agobio que me producen las noticias que vivimos de de continuo, con preocupación, y diría incluso que con rabia y asco, sobre los africanos que llegan cada día a Europa en condiciones espantosas, humillantes, inhumanas.

Todo eso me produce honda inquietud. El drama de la emigración africana hacia Europa no es nuevo en mi obra. Es el argumento de mi primer relato, El sueño, publicado en De manera que siempre me ha preocupado: Esa simple pregunta me llevó a escribir El Metro. Reflejo en la novela nuestro punto de vista, pues lo fundamental no es la visión europea del fenómeno de la inmigración. En mi opinión, la reflexión fundamental es: Lógicamente, hay que ir a la raíz del fenómeno, explicarlo, argumentar sus razones.

Yo vivo en España, país que recibe millones de turistas cada año. El tema es muy amplio, y no se agota ni en una novela larga como El Metro: Lo que acabo de decir: Si no analizamos y reflexionamos, nunca hallaremos la solución. La autocomplacencia es engañosa, perniciosa.

Y debemos trasladar estas reflexiones al resto del mundo para que perciban con claridad, directamente desde nuestras voces, desde nuestros sentimientos, cuanto nos ocurre y por qué ocurre. Hasta hace muy poco tiempo, los temas africanos los trataban los europeos y los americanos, sin nosotros. Todo eso subyace en El Metro y en toda mi obra. Por eso prefiero que sean éstos -usted por ejemplo- quienes enjuicien sobre su importancia o su banalidad.

En El Metro, un africano va explicando con minuciosidad el proceso de su huida. Hablé antes de algunas de las causas, como la pobreza inducida, puesto que todos nuestros países son ricos; también aludí a la falta de libertad. Cuando analizamos las causas de la huida de nuestros jóvenes, vemos con claridad que la mayoría emigra precisamente por ser jóvenes. Perciben a través de los medios de comunicación globales -cine, televisión, internet, telefonía móvil- que en otras partes se vive de otra manera, mucho mejor.

Si en nuestros países no hay ni luz eléctrica, cuanto se vislumbre de fuera queda magnificado, idealizado. Y si no puede alcanzarse en el propio país, se busca la manera de conseguir ese mejor nivel de vida en cualquier otra parte. No podemos permanecer siempre como anclados en el pasado. Hay que vivir y convivir en el momento actual, para no quedar siempre relegados en lo cultural, tecnológico, social o moral.

Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que no todo lo que procede de Europa, no todo lo que viene de fuera, es lo adecuado para nuestra felicidad. La felicidad no es sólo acaparar bienes materiales. Necesita equilibrio interior, conciencia del propio ser, seguridad espiritual.

Muchas modas o costumbres europeas son perniciosas. Los africanos tenemos valores exportables. Mi obra literaria es una constante propuesta de reflexión para que sepamos escoger lo que nos conviene, sea de nuestras tradiciones o del exterior. Para desarrollarnos plenamente y alcanzar el objetivo de todo ser humano, que es la mayor felicidad posible, debemos ser capaces de distinguir lo bueno de lo malo.

Efectivamente, entré en la literatura al hilo de esta pregunta. Fue en un momento concreto de mi vida. Llegué a Europa -a España- a muy poca edad, catorce años, para estudiar. Los acontecimientos políticos que se desarrollaban en mi país -la autonomía, la independencia, la tiranía de Francisco Macías- me encontraron fuera de Guinea Ecuatorial. Entonces eran muy fragmentarias las noticias que nos llegaban del interior; eran los años sesenta y setenta del siglo pasado, nada que ver con la fluidez informativa actual; y el país estaba cerrado a cal y canto.

Aun así, conocíamos la terrible situación de nuestro país, el sufrimiento de nuestros compatriotas, de nuestras familias. Regresé a Guinea Ecuatorial para reencontrarme con mi familia y, también, tomar pulso al país.

La situación que encontré fue tremenda, terrible. Me produjo un serio trauma. Estuve unos dos meses en mi país, y regresé a España. Por fortuna, mis padres vivían, aunque otros familiares muy directos y queridos sí perecieron en aquel holocausto silenciado. El país estaba devastado, todo estaba destruido, apenas encontré vestigios de humanidad. Y, sobre todo, las espeluznantes historias de la crudelísima represión, que reflejaban con nitidez la absoluta banalización de la vida y de la dignidad humanas.

Sólo encontré, o creí encontrar, la respuesta en la literatura. Estaba confuso, casi aterrado. Así surgió la idea de escribir Las tinieblas de tu memoria negra, mi primera novela, en la que se reflejan todos estos componentes de nuestras señas de identidad.

En el imaginario colectivo africano, los africanos habrían esperado, esencialmente, la llegada de los colonizadores europeos El Metro alude a ello para sentir sentimientos étnico-identitarios. La imposición desde fuera, desde el colonialismo, de una convivencia de pueblos diferentes -a menudo secularmente antagónicos por razones económicas y políticas- dentro de las fronteras de un mismo Estado; al tiempo que se dividió entre diversas naciones a un mismo pueblo. Cuestión de difícil solución.

El debate debería centrarse en construir nuestros Estados desde la libertad, dejando que cada individuo goce de plenos derechos y pueda ejercerlos. Que se fomenten los valores positivos, como la solidaridad y la convivencia, en lugar de acentuar los antagonismos y el clientelismo. No han fracasado nuestros Estados, sino el modelo político poscolonial, caracterizado por la opresión y la miseria. La etnia es un factor de estabilidad y cohesión social, si esos sentimientos naturales son bien orientados.

Nuestro deber es construir nuestras naciones desde nuestras propias concepciones y desde nuestros intereses políticos y culturales, en lugar de esforzarnos por ser fieles reflejos del africano esperpéntico, caricaturesco, como Idi Amin, Francisco Macías, Bokassa, Mobutu…, e incluso Houphouet-Boigny y Robert Mugabe, reflejos fieles del imaginario de Jacques Foccart y sus epígonos.

La novela de anticipación africana, El corazón de las tinieblas, no fue escrita por un africano: Joseph Conrad describió muy bien, a principios del S. XX, lo que era y lo que sería nuestro continente.

Es la base de mi discurso. Pero se necesita voluntad, coraje, constancia e imaginación. Pero éstas no son situaciones estructurales, no son debidas a una fatalidad; la situación africana demuestra que la ignorancia es otro eficaz mecanismo de represión. Luego bastaría con revertir la situación. Y es nuestra apuesta: Así la gente estudiaría, leería, pensaría, tendría poder adquisitivo suficiente y tiempo para el ocio, para la cultura.

Cuando se expresa ese tipo de falacias, pienso en la Rusia de Dostoïevski. Muy pocos, porque eran entonces sociedades incultas, mayoritariamente analfabetas. Fueron y siguen siendo necesarios. Es necesaria como elemento de reflexión, como memoria colectiva, como depositaria de la conciencia de una sociedad. Y, por tanto, es un vehículo imprescindible para el cambio, para la transformación. Creo en su papel de subversión, de anticipación. Por eso el escritor, el pensador, el intelectual que se niega a ser un mero bufón en la corte del poderoso, es considerado un elemento peligroso, se le persigue, y hasta se le asesina.

La lucha contra el tribalismo político es uno de sus caballos de batalla. Guinea Ecuatorial no es diferente; si acaso, un paradigma de lo que no puede hacerse. Pero desde nuestras independencias, el tema étnico -como otros tantos- ha sido desenfocado y se ha convertido en un foco de conflictos: Así, los resultados tienen que ser negativos.

Sobre Guinea Ecuatorial, he investigado y analizado la génesis y consecuencias de este conflicto en libros como España en Guinea , y en numerosos artículos históricos. Guinea Ecuatorial tiene siete etnias; la fang es mayoritaria.

En la isla de Bioko -Fernando Poo durante la colonización, la tierra nativa de los bubis-, los españoles tenían las mayores inversiones, sus prósperas plantaciones de cacao.

Pero investigando en las fuentes históricas, logré desmontar la falacia: Tenemos que conocer la verdadera relación existente entre las etnias; y esa relación fue armoniosa, a pesar del discurso disgregador, hasta las vísperas de la independencia.

Todos los guineanos estaban unidos contra el colonizador, a favor de un nacionalismo integrador. Es un dato histórico irrefutable, puesto que se agruparon juntos para crear la conciencia nacional, anticolonial. Basta ver la composición pluriétnica de la militancia y de la dirección de todos los partidos políticos independentistas.

No se ve asomo de tribalismo. Éste surge de la división propiciada por un colonialismo que no deseaba perder sus posesiones coloniales, y luego sería exacerbado por la dictadura de Macías, y continuado por la dictadura de Teodoro Obiang.

Y ésos no son modelos, no podemos basarnos en ellos para construir todo un imaginario. Que esos tiranos ya no sean una referencia. Muchísimos guineanos, de todas las etnias y procedencia, nos encontramos en el exilio. Guinea Ecuatorial es un país pequeño y nos conocemos bien. Algunos quieren pescar en río revuelto, aprovechar nuestra desgracia colectiva, que ya dura casi medio siglo, para reproducir clichés obsoletos y sacarles partido para sus ambiciones personales.

También existe gente honesta que trata de tender puentes, poner las bases para una futura convivencia armoniosa. Pero creo que es posible articular mecanismos políticos para que cada guineano se sienta libre, viva donde viva o proceda de donde proceda.

prostitutas en guinea ecuatorial estereotipo literario Reflejo en la novela nuestro punto de vista, pues lo fundamental no es la visión europea del fenómeno de la inmigración. Todo eso prostitutas en guinea ecuatorial estereotipo literario produce honda inquietud. A ese ritmo, si tuviera unas condiciones adecuadas de trabajo, podría sacar una novela cada dos años; pero tengo que dedicar mi tiempo a la dura tarea de sobrevivir, dar de comer a mi familia, y apenas tengo tiempo para la literatura. Los matrimonios en la etnia fang son de tribu a tribu. Como periodista, sentía la necesidad de difundir cuanto iba descubriendo, y así empezó todo. Soporto muchísimas dificultades de todo tipo, presiones políticas y represalias económicas; resulta difícil de creer, pero la pura realidad es que soy un escritor muy pobre.

La vida de la mujer fang se aparece ante la mirada estupefacta del lector como una sucesión de desgracias sin visos de redención. El castigo es la norma y la recompensa a la sumisión llega con la muerte.

La vida es procrear dentro del matrimonio y servir a los hombres de tu familia y tu comunidad. Muchas mujeres, aunque viven en las ciudades, no tienen formación y llevan vida de pueblo: La escritora reconoce que Guinea ha cambiado mucho, pero insiste en que para que se vean progresos en la vida de la mujer se tiene que conseguir que se hable de la mujer como eje del desarrollo. A día de hoy, tampoco hay una regulación del matrimonio consuetudinario: Y ser soltera sigue significando lo que significaba antes.

No tiene nada que ver con el tiempo de Macías. Para muchos guineanos, los problemas de género no son problemas a resolver", denuncia. Las Palmas 9 ENE - Las madres en Guinea se portan así. A otras les duele que le den una paliza a su hija.

Algunas dicen, si no funciona, déjalo. Pero una buena mayoría se ha criado con esos roles bien establecidos. El hombre crea un modelo educativo, la mujer lo reproduce. Y cuando la madre se revuelve contra ese sistema de educación recibe la violencia del padre. En la etnia fang quien manda es el hombre. No importa lo que la mujer diga cualquier cosa. La persona que enseña en la escuela sale de una estructura social. El problema en Guinea es qué nombre tiene lo que no tiene nombre.

No, pero te premian cuando haces uso de la vagina para conseguir las cosas. No le dicen al chico: Muchas gentes estudian en la ciudad, pero cuando regresan a casa los fines de semana se espere que lleven algo, algo de comida, algo de petróleo. Porque la mujer debe utilizar la entrepierna, y el chico el cerebro. Si vas por una calle de Guinea Ecuatorial y te encuentras con una chica con minifalda, esa es la prostituta oficial, pero en cada casa de la etnia fang hay una prostituta.

Solo que no se dice. No te dicen directamente: No es como la ley de vagos y maleantes. Pero tampoco hay ninguna ley que diga por ser homófobo te vayan a perseguir.

Si se dice eso en un país donde la memoria de la colonización sigue estando tan presente hay una doble discriminación: Hay algunas familias, muy pocas, que van aceptando dificultosamente, porque no tienen otra opción. Yo por encima de todo amo a mi hijo. Pero se le pide que no salga del armario, que no se sepa fuera. Pero la mayoría lo que hace es aislarte culturalmente. Como siguen siendo muy fuertes los lazos de tribu, los lazos de apellido, como la familia te aísle, ahí te quedas.

Porque el individualismo no se ha asentado del todo bien en Guinea. Lo publicó en una antología la editorial Remei Sipi, y dijeron que era mi vida. Yo escribo lo que vivo, lo que veo. Si voy a un funeral en Guinea puede que al final escriba un relato corto. En los libros yo no cuento mi vida, yo tengo una vida íntima que prefiero preservar. Incluso hay amigos que me dice: No es de extrañar, porque nunca ha existido.

Para el varón fang la mujer es un bien. Un bien que sirve para dar hijos que son representados por hombres, son hijos de hombres, ya sean de tu hermano o de tu marido, para reproducir hijos y para producir bienes. Que no tengamos nombre como lesbianas a la mujer fang no nos extraña, para la mujer fang que es consciente de lo que tiene que ver con la identidad de género. Incluso es peyorativo, porque aquí en el lenguaje normal fang hablar de relaciones sexuales entre una mujer y un hombre los conceptos que se utilizan son de ejercicio de poder, raras veces escuchas a una persona hablando de la mujer como de hacer el amor, son escasas, son casos aislados.

Y sobre todo los hombres hablan de ello cuando no se encuentran entre ellos. Hablan de follar, pero follar tiene un significado de dominio. Y ese nombre ha creado polémica, porque me dicen en Guinea que no, ese nombre no significa gay, porque los gays son cosa de los blancos.

Un hombre que se porta como las hermanas de ella. No como un hombre sino como una mujer. Me dicen que me lo he inventado.

Pero no es un invento, sino una forma de que se reconozca en Guinea que los fang son un grupo humano como lo son los beri-beri, o los vascos o los catalanes.

Pero la palabra existe. Pero llegaron los blancos aquí y erais tan gays y tan lesbianas como los tutsis. El corazón no es rico, la mano sí. Yo no soy una excepción. Hay muchas chicas en Guinea que han logrado huir de eso. La presión económica va obligando a que Guinea se abra al mundo. Vamos conociendo otras formas de vida. Para mí si ha sido duro, pero no porque un ministro venga a decirte: Pero quien viene a por ti es la cultura, empezando por tu propia madre.

Puede coincidir, que haya coincidencia. Leí un artículo en el que se contaba cómo el colonizador logra que el fang salga del interior para irse a Malabo a hacer café, a través de promesas como vas a ganar dinero, con el dinero vas a pagar la dote Es decir, la comercialización de la mujer en Guinea es una cuestión institucional dentro de la etnia fang.

Esa primera chispa fue madurando y fui construyendo en mi cabeza el relato, añadiendo detalles que, finalmente, forman el cuerpo de la novela. En la novela existen personajes femeninos característicos, representativas de todo el espectro africano actual: En los inicios de mi andadura literaria, me costaba describir personajes femeninos; entonces carecía de experiencia sobre la mujer y su mundo interior, sobre todo de las africanas.

Había crecido en una sociedad española cerrada, cuando por un beso en un parque te encerraban en una comisaría de policía; y en España apenas había mujeres negras. Así, mi ignorancia se agregó al hecho de la irrelevancia de la mujer en las sociedades tradicionalistas, como la africana y la española.

El resultado es la insignificancia de las protagonistas de mis primeras novelas, Las tinieblas de tu memoria negra o Los poderes de la tempestad, fruto evidente de la realidad de la época. Son los personajes normales en la vida de una persona, pues se tiene madre, hermanos, primos, amigos, amores…, y cuanto se va encontrando a lo largo del camino. Me limito a reflejarlo, pues Lambert Obama no vive aislado, sino en sociedad.

El texto no es mera elucubración intelectual, sino un relato vivo que transmite realidad. Yo creo que sí los hay. El Metro no es una novela de corte tradicional, donde se describe a los personajes desde fuera; no existe un narrador externo que nos transmite sus impresiones sobre los personajes, sus actos, sentimientos.

En mi propuesta, es el propio protagonista quien refleja sus emociones, su visión del mundo, cuanto ocurre y por qué ocurre, sin intermediarios, desde su alma y desde su conciencia. Así le conocemos mejor, se produce una interacción mayor.

Esta fórmula, a mi parecer, permite al lector ser protagonista del relato, pues vive con el protagonista la aventura desde el interior, no desde el exterior. La respuesta es doble: Pero resulta imposible cuando el planteamiento excede la realidad, la naturalidad. En cierto pasaje de El Metro, se juntan africanos de nacionalidades diferentes, pero son incapaces de dialogar, de entenderse.

Es una realidad africana: Es otra dimensión de la división colonial. Y, como dije antes, la fragmentación étnica y lingüística no es un fenómeno africano, sino universal. No es motivo de complejos. Se resuelve con la enseñanza racionalizada de lenguas extranjeras. Mi posición siempre ha sido clara. La insinué antes, pero ahora entramos en ella. Las lenguas oficiales en las que nos expresamos ahora antes fueron impuestas. Sin embargo, hoy, es nuestra lengua nacional, tan nuestra como para un español de Burgos, Buenos Aires o México.

No escribo para los españoles o para los venezolanos, sino para mi sociedad, que es la de Guinea Ecuatorial. En mi opinión, todos los guineoecuatorianos deberían hablar y escribir correctamente en español, porque es nuestra lengua oficial, la que vehicula nuestra sociedad y nos permite relacionarnos con el mundo. Esto nada tiene que ver con España: Tengo los nombres en la cabeza, pero no quisiera citar a nadie. Otra circunstancia importantísima, pero distinta, es la necesaria potenciación de nuestras lenguas autóctonas, algunas de las cuales van desapareciendo por la desculturización que padecemos.

Ésa es una tarea que deben abordar los políticos y los lingüistas, no los escritores. Se deben normativizar nuestros idiomas antes de que puedan ser utilizados en la escritura. Nadie me puede exigir eso. Y es así con la inmensa mayoría de las lenguas nativas africanas.

Otra cuestión también importante: Son reflexiones que traslado al debate. El regreso a la selva. Intentemos racionalizar las cosas, y dejarnos de locuras que sólo indican la mentalidad de un dirigente que ha perdido el norte, que no tiene horizontes, que gobierna a golpe de capricho y petrodólares, sin que le importen los verdaderos intereses de su pueblo, uno de los cuales es construir nuestra identidad, saber quiénes somos y hacia dónde vamos.

Y debería conocerse la percepción de la población, que no ha sido consultada al respecto. Y su reacción es de absoluta indiferencia. No ha habido un incremento de la demanda del francés, sino todo lo contrario.

Esa es la realidad. Con el portugués sucede lo mismo. La segunda esposa oficial de Obiang es originaria de Sao Tomé-Príncipe, y allí tienen inversiones multimillonarias, de las que no goza Guinea Ecuatorial. En mi país nadie habla portugués, ni se interesa por ello. Los propios países lusófonos rechazaron la incorporación de Guinea Ecuatorial, porque no tiene sentido.

De manera que no hay conflicto alguno. Digo siempre que nunca polemizaré con los críticos; mi papel no es criticar a los críticos.

Después de su publicación, un libro deja de ser de su autor; cada lector es libre de pensar lo que quiera. Lo cual no significa que el escritor no perciba esos juicios, esa valoración, las reacciones ante su obra.

Muchos analistas profesionales cometen errores graves, pero no se los señalo; no es mi función. También se ha escrito que Los poderes de la tempestad es una autobiografía, y cualquiera sabe que ni soy abogado, ni estuve un solo día en Guinea Ecuatorial en la época de Macías.

Usted es a la vez escritor, historiador, crítico, ensayista y antologista de la literatura de Guinea Ecuatorial. Como Guinea Ecuatorial es un pequeño país, con muy pocas personas dedicadas al mundo de la cultura, mi curiosidad me llevó a acometer esas tareas.

Soy periodista de profesión, y he dedicado la mayor parte de mi vida a ejercer ese oficio. Luego los avatares de la vida me llevaron a la promoción cultural, a la difusión del africanismo en España, a la investigación de la historia de mi país y a indagar sobre la literatura de Guinea Ecuatorial. Como periodista, sentía la necesidad de difundir cuanto iba descubriendo, y así empezó todo.

Era una necesidad personal, y una necesidad nacional. Todo cuanto se sabe y se escribe hoy sobre mi país nació de esa manera tan simple: Las dos mayores satisfacciones que he recibido en mi vida -tan llena de desilusiones- fueron dos frases: Y años después, en , durante una recepción-homenaje que me rindió la Universidad de Missouri en Columbia, Estados Unidos, la profesora Nicole Price terminó su discurso con estas palabras: Porque me parece que el título general ya define el libro, y resulta innecesario especificar cada capítulo.

No conozco a este artista, ni conocía sus declaraciones, pero las comparto totalmente. He escrito sobre ello, diciendo lo mismo: Esta convicción es fruto de una profunda reflexión. Todos buscan satisfacer sus necesidades, proteger sus intereses.

Se han producido levantamientos, se han sacrificado millones de vidas, y no ha servido para nada. Dos son las razones, a mi parecer: El esfuerzo de las generaciones postcoloniales africanas debe centrarse en convencer a europeos, americanos y al resto del mundo de que somos capaces y estamos capacitados para asumir nuestros destinos; pero mientras existan africanos dispuestos a cobrar el mísero salario de Judas para traicionar a sus hermanos, poco podemos esperar.

Insistir en lo que nos une como seres humanos, exigir la dignidad y la dignificación, resucitar nuestros valores positivos, llenos de un humanismo muy necesario en la sociedad internacional. La Historia no se hace en un día. La opresión dura ya siglos, pero tanto nuestra historia como la Historia comparada demuestran que conseguiremos estos objetivos si seguimos insistiendo.

Así ha sido siempre. Si poseemos el instrumento, utilicémoslo con inteligencia y habilidad. Hago mi trabajo con humildad, porque es lo quiero hacer y para ello estoy capacitado. Se es consciente de la vocación en un momento determinado, a veces a través de un proceso plagado de casualidades.

Y sigo inmerso en ese proceso, iniciado cuando leí por primera vez -tendría 16 o 17 años- a Chinua Achebe. Después, como ya dije, fue la curiosidad: Cada uno tiene su trabajo, y debe ejercer su función.

Existen valores emergentes, valiosos. Pero abundan los diletantes. A una persona que dice dedicarse a la creación cultural se le supone un don, que lleva inherente un elemento fundamental que llamamos sensibilidad.

Un creador insensible no es un artista, sino un mero funcionario. La sensibilidad debe llevar una especial preocupación por los problemas que aquejan al cuerpo social, savia de su obra. Sin ella, la obra es artificio, un timo, nace muerta y no fructifica.

Con su actitud, dotan de asideros a la tiranía, contribuyendo a mantener y vivificar la opresión. Soy y seré siempre crítico con gente como ésa, sean de mi país y o de otros lugares. Usted acaba de hablar de don a propósito del escritor o del artista. Quisiera saber si un investigador lambda es decir cualquier investigador puede convertirse de un día para otro en un escritor.

Primero, cualquier persona es capaz de hacer lo que hace cualquier otra persona; al mismo tiempo, no todo el mundo es capaz de hacer lo que hace otro. Yo, Donato Ndongo, no podría ser médico. Como persona humana, sí soy capaz de ser médico, porque si hay otros médicos yo también puedo serlo; pero carezco de las aptitudes necesarias, aunque estudiase Medicina.

Sin embargo, creo que tengo las cualidades necesarias para hacer lo que hago. De ahí la vocación, que requiere capacidad y capacitación. Y si han escogido esa función, deben ejercerla con idoneidad.

No sé si me explico…. Hay gente que sabe perfectamente que es incapaz, o que ya ha llegado al límite de sus capacidades, pero permanece en el puesto hasta que el cuerpo aguante.

Eso es, entre otras cosas, inmoral. En otras sociedades se estableció un límite para los mandatos presidenciales, para prevenir situaciones como las que padecemos: Podemos extrapolar esta idea a otras funciones: Si cada uno hiciera lo que sabe y puede hacer, con honestidad y rigor, nos iría mucho mejor. Por eso es necesaria la democracia, para poner límites a los abusos: La propuesta es que, desde nuestras propias concepciones, hallemos los mecanismos para poner fin a tanta angustia de siglos.

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